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Construcciones

Horno Hoffmann

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Bevern

El horno contínuo fue patentado en Alemania por Frederik Hoffmann en 1858, revolucionando así la industria de producción de teja y ladrillo debido a los avances tecnológicos que se proponían: permitía una cocción más uniforme, y resultaba mucho más económico en términos de consumo y trabajo, incrementó la producción de una forma espectacular, hasta 10 millones de ladrillo por planta al año.

Este tipo de horno en forma de anillo destinado a cocer arcilla a una temperatura de 1000º y producir tejas y ladrillo. Su forma responde a un criterio de ahorro y optimización energética. Los primeros hornos tenían forma circular o elíptica, en esta planta se dispone un túnel perimetral que da acceso a las celdas, más próximas al centro donde se encuentra la fuente de calor. Aunque los primeros hornos tuvieran forma circular pronto se adoptó la forma elíptica, ya que permitía una mayor producción. El círculo interior se divide de 12 a 24 cámaras, que e encuentran conectadas interiormente y al mismo tiempo a un conducto que expulsa el aire hacia una chimenea. Las cámaras se cerraban de forma temporal con una puerta o pared de ladrillo hasta que finalizaba el proceso de cocción.

El recorrido interior se divide de 12 a 24 cámaras, que e encuentran conectadas interiormente y al mismo tiempo a un conducto que expulsa el aire hacia una chimenea. Las cámaras se cerraban de forma temporal con una puerta o pared de ladrillo hasta que finalizaba el proceso de cocción.

En las cámaras se depositaban entorno a 25000 ladrillos, y se encendía fuego en cada una de las cámaras, el calor producido por estos focos no sólo servía para cocer los ladrillos de una sola cámara sino que también precalentaba las cámaras adyacentes. Mientras este proceso estaba en marcha, se impulsaba aire al interior, generando una corriente que circulaba a través de la puerta de la cámara en la que se habían descargado los ladrillos pero en sentido opuesto de forma que se enfriaban las piezas ya cocidas de ésta y de las cámaras adyacentes.

El fuego se avivaba de forma continua en todo el edificio en un proceso sin fin que era óptimo en términos energéticos. El combustible utilizado mayoritariamente era el carbón, aunque en algunos se utilizaba gas. La cubierta de un horno en anillo contenía muchas aberturas, cubiertas con tapas metálicas, lo que se conocen como “agujeros de alimentación”, por allí los trabajadores experimentados añadían pequeñas cantidades de carbón cuando era necesario con una pequeña pala.

Las tipologías en estrella o en cruz, que responden a esa optimización de la producción, son las más desarrolladas dentro de la tecnología de los hornos hoffmann, ya que son las que permiten una mayor producción en el menor espacio físico posible.

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